Te convertiste en miembro de la escena del graffiti checa cuando tenías trece años. ¿Cómo me puedo imaginar la comunidad local en los años 90?
Me inicié en el graffiti en 1993, así que este año se cumple, en realidad, un cuarto de siglo. Sin embargo, hace ya diez o quince años que no me dedico a ello de forma activa y, excepcionalmente, por nostalgia, pinto algo en el extranjero cuando alguien me invita a colaborar allí. Así que me he quedado más bien como un teórico. De hecho, recuerdo los años 90 a diario. Aunque eso me convierte en una especie de tío mayor que ya ha vivido de todo, algo que detesto, lo cierto es que aquella época fue algo absolutamente excepcional.